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Monjes con currículum

11/07/2005La cifra de clérigos desciende en Catalunya. Incluso en Montserrat, allí donde la Moreneta es la fe del pueblo catalán, hay menos monjes de los que hubo. Una decena de novicios se preparan para mantener la llama de la espiritualidad. A diferencia de antes, no son unos críos salidos de la escolanía ni unos adolescentes inexpertos e idealistas. Son treintañeros con carreras superiores que ya han vivido lo suyo. Miembros de una generación sobradamente preparada, lo dejan todo y visten unos hábitos porque dicen que con Dios les basta.

"Recibidme, Señor", dijo en catalán Sergi d´Assís. Y todos los presentes en la abadía de Montserrat se emocionaron. Fue un momento solemne.Un hombre de 26 años hizo profesión de su fe e ingresó en un convento para siempre. Su familia lloraba. Sus compañeros de noviciado contenían las lágrimas. "Que nada te turbe, que nada te espante. Quien a Dios tiene, nada le falta", fueron los versos de santa Teresa que le cantaron la noche anterior de consagrar su vida a eso que se llama vocación religiosa. Nacido en Malgrat del Mar, ingresó en la Escolania de Montserrat cuando tenía nueve años. Tras cuatro años interno, volvió a casa para estudiar el bachillerato. "Pensaba que mis compañeros del instituto no eran como los de la escolanía, me encontraba con los amigos de infancia y los veía cambiados, pero comprendí que el diferente era yo", recuerda. Después se licenció en Filología catalana. "Más que la escolanía y los estudios, me marcaron los voluntariados que hice para ayudar a los presos en las cárceles, en Honduras y con Cáritas. Ver tanto sufrimiento y tanta infelicidad me hizo replantearme muchas cosas. Fue la sacudida que me decidió a entregarme por entero a ayudar a los demás", analiza.

Lluís Planas es el monje que guía los pasos y las vocaciones de los diez aspirantes a seguir los pasos de Sergi durante los ocho o nueve años que dura su formación. Él decidirá quién se queda y quién no. "En total somos 74 monjes, pero fuimos 100. Antes entraban con 18 años, mientras que ahora ya casi todos ingresan con una carrera acabada o con experiencia laboral y vital. Nos pasa como al resto de la sociedad. Antes, la gente se casaba y tenía hijos cuando aún era muy joven, y actualmente lo ha-cen a edades más tardías". Cuando él ingresó, todo se hacía en latín. "Ahora lo hacemos todo en catalán". No obstante, todos estudian algo de latín, griego y hebreo, "y menos teología que antes". Son benedictinos con fama de potente formación intelectual. "No necesariamente, porque en una abadía hay trabajos muy distintos para personas muy diferentes".

Sergi quería ser periodista. Ahora que ya es un monje que da clases a los escolanes tiene reuniones con los adolescentes que acuden a Montserrat y escribe en la revista del monasterio.

"Aquí vienen personas de toda clase, con todo tipo de problemas o inquietudes y la vida conventual me permite desarrollar la dimensión solidaria sin el dilema que tenía cuando dudaba entre ayudar al Tercer o al Cuarto Mundo". Su poeta de cabecera es Teodor Suau, un místico catalán casi desconocido. Su referente periodístico, Josep Maria Espinàs. "Cuando a mis padres les di por hecho mi ingreso en Montserrat, se pusieron muy contentos. Mis hermanos no son de misa, pero me ven tan feliz que piensan que podré hacer feliz a mucha gente".

Àngel desea seguir los pasos de Sergi. Nacido en Sabadell, licenciado en Física y profesor de instituto, nació y creció en una familia cristiana y se formó en los escolapios. "A los 12 o 13 años me planteé ser monje, a los 18 conocí los monasterios, después entré en Montserrat, pero lo dejé porque no debía estar maduro y quería hacer más cosas en la vida". Entonces partió aNicaragua con los jesuitas, y a su regreso fue profesor en l´Hospitalet. "Era gente sencilla y obrera, y había familias con problemas. Quería compartir los problemas sociales y políticos, porque entonces me interesaba mucho la política". También compartió su vida con las comunidades cristianas de Taizé. "Me parecía bien casarme, pero pensé que compagi-nar trabajo, familia y labor social era complicado, hasta que por fin decidí seguir a Jesús, ponerme en manos de Dios y que Él me lleve". Regresó aMontserrat con 30 años cumplidos. Su formación científica no ha sido obstáculo para su fe en lo intangible. Al fin y al cabo, más allá de la física está la metafísica. "No es cierto que haya crisis de vocaciones. Dios siempre llama a jóvenes, aunque algunos no responden por la imagen que hay de la Iglesia, o porque la cultura religiosa ha descendido, o porque la sociedad ofrece muchas alternativas como el voluntariado, las ONG o el trabajo en el Tercer Mundo... Y ser monje es una opción de vida".

Una opción de vida que comienza a las 5.30 h con la plegaria de maitines, prosigue a las 7.30 h con la de laudes, desayuno, trabajo y estudio hasta la misa de las 11 h. Más trabajo y estudio hasta las 12.30 h, que toca la comida, la sobremesa o el retiro.Alas 15 h, oración y trabajo hasta las 18.45 h, cuando hay la oración de vísperas, la lección divina y la lectura espiritual. Cena a las 20.15 h y después recreación y encuentro con la comunidad hasta las 21.15 h, con oración de completas y retiro a la celda. Y así cada día hasta el fin de sus días. "El trabajo y el estudio son tan diversos y tan sugerentes que no hay tiempo para aburrirse", dicen esos jóvenes que gozan de un saludable sentido del humor. "Somos diez, el ambiente es muy agradable y la vida comunitaria, muy enriquecedora. La noticia no es que desciendan las vocaciones. Lo sorprendente es que aún haya gente con vocación que entre en un convento", ironizan.

Efrem parece más tímido. Se sintió atraído por la vida religiosa desde que era un niño que visitaba a su tía monja en un convento de Solsona. Crecido en Puigcerdà, cursó la enseñanza básica en una escuela laica. Ya adolescente, comenzó a acudir a convivencias en Montserrat. Hizo el servicio militar, estudió y acabó la carrera de Música, y ganó las oposiciones a profesor de música en el instituto de Puigcerdà, donde llegó a ser jefe de estudios. Un poseedor de un currículum brillante que sorprendió a sus padres cuando les comunicó que quería ser monje. "Al principio se negaron yme aconsejaron que acabase la carrera y viviese, y como era un chico muy obediente les hice caso". Pero la idea no dejó de rondarle por la cabeza, se fue a visitar el monasterio de Poblet y otros monasterios, se entregó con todas sus fuerzas a la docencia, conoció lo que es la vida, se tomó un año sabático para reflexionar y al *****plir los 30 ingresó en Montserrat. Esta vez ya no fue tan obediente. "Cuando mi madre vio profesión de fe de Sergi, lloró de emoción". Él preparó, la víspera, una fiesta sorpresa para su compañero y eligió un repertorio que fue el único regalo que le hicieron en la capilla de Sant Iscle, allí donde se remontan los orígenes de Montserrat. Posó sus dedos sobre el órgano y cantaron Sólo Dios basta.

Su profesor y tutor está contento. "Es bonito ver cómo entran, cómo evolucionan y cómo profundizan sobre la realidad de la vida. Cada uno con su personalidad, cada cual con sus aficiones y con sus inquietudes intelectuales. Todos distintos. Aquí no tenemos un molde para hacerlos todos iguales como si fuesen soldaditos de plomo. No les preguntamos por su coeficiente intelectual, pero sí les pedimos un ritmo de estudio y de trabajo constante y un reciclaje permanente que no se acaba nunca". Al fondo del claustro, un monje nonagenario inclina la cabeza ante un libro, lee y ora: "Sólo Dios basta".

Publicat a La Vanguardia Edició Digital


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