Ajuntament de Monistrol de Montserrat

Dijous, 29 de Juny de 2017
Dades meteorològiques     
Màxima -ºC   Mínima -ºC   Informació meteorològica
Cercador Accessibilitat Mapa web Adreces Contacte
Vista general


Oficines Municipals

Horari d'atenció al públic:
De dilluns a divendres de 8h a 15h
Els dijous de 16,30h a 19,30h
Del 15 de juny al 15 de setembre:
de dilluns a divendres de 8h a 14h (Horari d'estiu).

Pl. de la Font Gran, 2
08691 Monistrol de Montserrat

T. 93 835 00 11
F. 93 828 41 63
NOTÍCIES  

La Casa Blanca acudió a Montserrat

02/08/2005EL GOBERNADOR militar Ángel González de Mendoza, que presidió el tribunal, fue relevado por dejar hablar a Pujol de democracia

Aureli Maria Escarré, abad de Montserrat, le dijo en marzo de 1960 a David Fritzlan, cónsul de Estados Unidos en Barcelona, que le preocupaba mucho la falta de intuición del franquismo para promover reformas sociales y políticas. El diplomático quedó impresionado por la franqueza del abad y, fiel a la tendencia norteamericana de obtener información por la vía más directa posible, se citó de nuevo con Escarré. Ambos conversaron otra vez en Montserrat el 24 de enero de 1961. Escarré le habló de la detención y condena de Jordi Pujol, de que Franco habían insistido personalmente en que le castigaran y que la única solución que veía para España era el desarrollo gradual de los principios democráticos. Pero añadió que no esperaba milagros.

El cónsul Fritzlan - al que tenían especial estima en el Departamento de Estado- se reunió con Escarré "con el fin de renovar los contactos con este liberal español y uno de los principales exponentes del catalanismo", según escribió en un informe secreto hoy en poder de La Vanguardia.

El abad le recibió cordialmente y tuvieron 45 minutos de charla a solas, que fue seguida por un almuerzo relajado al que se unieron otros cuatro monjes. "Durante mi charla, el abad tocó el desarrollo político en EE. UU., las relaciones entre EE. UU. y España, los cambios en el gobierno provincial de Barcelona, los desarrollos culturales catalanes y la situación política y económica en España y en Cataluña".

Escarré expresó ante el cónsul un entusiasta interés por la elección del presidente Kennedy y estaba gratamente impresionado por su discurso inaugural y, aunque "le habría gustado que hubiera sido elegido Nixon", las primeras impresiones de la Administración Kennedy suponían para él un buen augurio. "Escarré creía - informó Fritzlan- que la aceptación general del veredicto popular, aunque había estado muy igualado, era un buen ejemplo de democracia en acción para el mundo". Así las cosas, el abad Escarré consideraba que EE. UU. estaba en una buena posición para ejercer cierta influenciada sobre el régimen español.

Fritzlan le preguntó si tenía alguna idea concreta sobre lo que EE. UU. podría hacer para ayudar al desarrollo de instituciones liberales en España, matizando que ésta era una cuestión delicada que, si no se trataba con cuidado, podía provocar acusaciones de intervencionismo. Escarré estuvo completamente de acuerdo y dejó claro que no pretendía de la Casa Blanca declaraciones públicas en contra del régimen. Esta medida "ya se había intentado al final de la Segunda Guerra Mundial y que el resultado final fue la mejora de la popularidad de Franco en España", alegó el abad. No, en su lugar, pensaba en declaraciones realizadas al propio Franco en el momento adecuado referentes a la conveniencia de instituir reformas políticas modernas en España antes de que fuera demasiado tarde.

En su opinión, EE. UU. debía mostrarse públicamente menos entusiasta con el régimen y asociarse más con el país y con la gente que con Franco, su entorno y sus seguidores más activos. El cónsul respondió que podía tener la seguridad de que la política de EE. UU. no era adepta al régimen de Franco y que "nosotros no estábamos menos interesados que él en el desarrollo de instituciones liberales en España".

Fritzlan quiso hablar de los hechos del Palau de la Música de mayo de 1960 y de la detención de Jordi Pujol. El diplomático le explicó en su informe con estas palabras: "Saqué el asunto del Palacio de la Música del último verano y pregunté si Jorge Pujol, que había sido condenado a una larga condena, sería posible que viera parte de su sentencia rebajada. Dijo que no lo creía porque el gobernador civil había solicitado a las autoridades de Madrid en Navidades que perdonaran a Pujol y se lo habían denegado. Dijo, además, que él mismo había intentado enviar una felicitación de Navidad a Pujol pero que las autoridades de la prisión habían impedido que le dieran el mensaje. Escarré resumió este asunto diciendo que lo que Pujol había hecho afectaba a Franco directamente y que no era probable que le liberara del drástico castigo en el que él mismo había insistido".

Además Escarré reveló al diplomático que el gobernador militar, Ángel González de Mendoza Dorvier, que había dejado Barcelona hacía poco, en realidad había sido trasladado por sus superiores debido a que cuando presidió el tribunal militar que condenó a Jordi Pujol le "había permitido pronunciar amplios comentarios en defensa de la democracia y de la libertad humana".

A pricipios de los años sesenta una conversación sobre política que se preciase pasaba en algún momento por el tema de la sucesión a Franco, la transición o, como se comentaba entonces, "las actividades monárquicas". Sobre este último asunto el abad de Montserrat advirtió al cónsul que "en diversas partes de España se estaban estableciendo juntas compuestas por destacados monárquicos que serían el punto de contacto entre Don Juan y las autoridades locales y que asumirían funciones de responsabilidad en un gobierno de transición". No obstante, Escarré matizó que "no pensaba que este paso fuera particularmente importante o significativo" debido, en su opinión, a que "las ambiciones y planes monárquicos no tenían prácticamente ningún respaldo popular".

En cuanto a la esfera económica, el abad comentó que creía que las cosas progresaban de forma muy lenta, aunque, desde su punto de vista estaban algo mejor que el año pasado. "No obstante - dijo- existe mucha privación y básicamente, las clases más pobres están solamente un poco mejor de lo que habían estado antes".

De lo que sí se quejó Escarré fue de la represión del régimen sobre Barcelona y la actividad cultural en Catalunya. En particular, el clérigo tenía en mente la publicación y distribución de revistas y periódicos en catalán. Denunció a Fritzlan que la única revista permitida en catalán era Serra d´Or, publicada mensualmente por el monasterio. Se trata, explicó el cónsul a sus superiores en el Departamento de Estado de "una publicación dedicada a asuntos de interés religioso e histórico en Cataluña, de las que el abad me dio unos ejemplares", escribió el diplomático.

"Después de dedicarnos mutuas expresiones de aprecio y estima, el Abad y yo - escribió Fritzman- salimos, no sin antes dejarle una copia del libro del presidente Kennedy, Perfiles de coraje, en versión española, que agredeció ya que el libro no estaba en la biblioteca del monasterio".

"Por resumir mis impresiones con el abad - concluye el informe del cónsul- diría que continúa pensando firmemente que la única cura para el retraso actual de España son reformas políticas que proporcionen un desarrollo gradual de los principios democráticos y que den esperanza para el futuro. Si bien no espera milagros y es realista ante la posibilidad de que sucedan cambios radicales a corto plazo, comparte la esperanza de muchos moderados e intelectuales del área de Barcelona de que, de una forma o de otra, EE. UU. puede hacer valer su influencia en favor de una liberalización política gradual en España". Escarré tenía la esperanza de que las tensiones políticas que caracterizaron 1960 finalizaran. No fue así.

Investigación: Eduardo Martín de Pozuelo Edición: Iñaki Ellakuría Do*****entación: C. Salmurri, F. Martínez

Publicat: La Vanguardia Edició Digital


  tancar històric  

Diputació de Barcelona