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Noche de brujas

08/11/2005Esta noche, al ponerse el sol, los muertos saldrán de sus tumbas para pasar la velada en familia. Habrá quien les encienda la chimenea y quien les prepare comida antes de sentarse junto al fuego para explicar historias de terror. Habrá brujas y brujos que pactarán con el diablo en aquelarres de tradición medieval que han llegado hasta nuestros días disfrazados de fiestas tradicionales. Alquimistas y nigromantes encontrarán inspiración en el más allá, aquel territorio legendario, habitado por fantasmas y duendes, donde el hombre busca la felicidad conjurando los poderes maléficos y negando la fe cristiana. Mientras tanto, en medio de este descenso a las tinieblas, el ciudadano urbano, inmerso en el largo puente vacacional, comerá castañas y panellets, se disfrazará de monstruo y celebrará Halloween, el sucedáneo estadounidense, ajeno a los peligros y tentaciones de un pasado que, a pesar de su ignorancia, sigue presente, aunque en secreto.

Joan Amades explica en su Costumari no català: "Nuestros abuelos creían que la noche de hoy, después del toque de oración, nadie podía ir por la calle para no toparse con las almas de los difuntos que se dirigían a las casas donde residían cuando estaban vivos, con el objetivo de pasar esta noche en el hogar familiar. La gente cree que mientras tocan las campanas de difuntos uno no puede mirarse en el espejo bajo ningún concepto, pues quien lo hace se convierte en calavera. Se cuentan casos diversos de mujeres que se han mirado y, al momento, se han convertido en esqueletos".

Javier Tomeo, en su último libro, La bruixeria popular catalana (Proa), identifica varios lugares donde las brujas catalanas preferían celebrar sus aquelarres. "Las de la Costa Brava, por ejemplo, solían reunirse en Sant Pere de Roda. Las del Vallès, en el denominado Pla de les Bruixes, cerca del Gorg Negre, en el camino de Gualba a Santa Fe. Las de Andorra, en la plaza de Andorra la Vella. Las del Baix Llobregat lo hacían en la plaza de Molins de Rei y las del Maresme en la famosa Pedra Gentil, cerca de Vallgorguina. Las leridanas se congregaban en la sierra del Cadí".

Las montañas y los valles del interior tienen más brujas que las comarcas del litoral, y de todas las montañas de Catalunya, el Pedraforca y el Canigó destacan como cimas ideales para convocar los poderes beneficiosos del mal. Tretzevents, por ejemplo, hace alusión en el Canigó a los vientos que allí se desataban cuando se celebraba un aquelarre para que no se acercaran los curiosos.

El Pedraforca, como explica Tomeo, es una de las montañas más impresionantes de Catalunya. Rasca los 3.000 metros de altura y detrás de su forma de horca no cuesta mucho imaginar un fabuloso castillo en ruinas. La fortaleza la levantó, en una sola noche, un genio maléfico para auxiliar a los árabes cuando el legendario Otger y sus Nueve Barones de la Fama iniciaron la reconquista de las tierras catalanas. Los cristianos pidieron ayuda al arcángel San Miguel, que atendió sus rezos y al frente de una legión de ángeles luminosos destruyó el castillo. Las brujas del Pedraforca no son las únicas de Catalunya. La tradición las sitúa también en Cadaqués, Vimbodí, Llers, Arbúcies, Centelles, Solivella, Vic y otros pueblos donde salían de sus casas en noches como ésta para bailar con el diablo y obtener sus favores. El diablo, como corresponde a un personaje tan importante, recibe, según narra Tomeo, nombres variados, que van del Barrufet, Banyeta y Barsebuc al Barrabàs, Peu Rodó y l´Home de la Pota Grossa. Algunos lo conocían también como Mascaró.

Para que una mujer se convirtiera en bruja debía pactar un trato sexual con el demonio o proceder de una familia de brujas, aunque en comarcas como la Garrotxa no era necesario. Joan Amades cuenta que allí bastaba con que se desnudaran y frotaran su cuerpo contra un arbusto espinoso. En Cervera las recuerdan cubiertas de flores. Cada año recrean nueve, de tamaño natural, que residen en el museo municipal desde agosto hasta Todos los Santos.

Mujeres acusadas de brujas y martirizadas por ello hay varias en la historia de Catalunya. Tomeo recuerda a Joana Riu, vecina de Erinyà, en La Pobleta de Bellveí, en el Pirineo leridano, ejecutada en 1539 después de tres días de tormento. En las comarcas del Urgell, la Segarra, el Anoia y el Bages, entre otras muchas, se vivieron salvajadas similares en defensa de la religión cristiana. En Sant Feliu Sasserra (Bages) aún es posible presenciar cada día de Todos los Santos los martirios propios del siglo XVI. La fiesta popular incluye un juicio a las brujas, una sentencia en el Serrat de les Forques y un posterior suplicio.

La noche de Todos los Santos abre las puertas entre el mundo de los muertos y los vivos. Retornan los antepasados queridos y también los que preferiríamos haber perdido para siempre. Brujas y brujos pueden hacer de las suyas, calentando motores de cara a su gran fiesta anual, la noche de San Silvestre, el 31 de diciembre. Para saciar a los genios y los espíritus malos es tradición repartir habas por los rincones de la casa. Las habas son su alimento favorito. Los difuntos buenos prefieren las castañas, que se comen por la noche, después de cenar y rezar el rosario, sin hacer broma y dejando unas cuantas para las almas familiares.

El día de Todos Santos era día de tregua si había guerra. Señalaba, asimismo, el inicio del invierno. Aún hoy, la noche de difuntos añora la abundancia del verano y la vendimia. Se alargan las sombras, se extienden las tinieblas y el hombre sufre la fragilidad de su destino.

Publicat: La Vanguardia Edició Digital (31/10/2005)


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