Ajuntament de Monistrol de Montserrat

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NOTÍCIES  

El recinto principal del santuario de Montserrat

29/05/2007Puede llegarse al monasterio en vehículo desde Monistrol de Montserrat, población comunicada por la autopista C-16 o la carretera C-55 con Manresa, Terrassa y Martorell, o por Can Maçana desde Els Brucs por la autovía N-II. Asimismo, podemos acceder al monasterio con el aéreo desde la estación de tren de los FFCC de la Generalitat.

Los itinerarios que presentamos han sido pensados para que Montserrat pueda ser visitado sin necesidad de guía. El tiempo indicado corresponde al tiempo de ida al sitio propuesto. Siempre hay que tener en cuenta que lo más importante, en Montserrat, no es tanto disfrutar del conjunto arquitectónico como saber descubrir que se manifiestan en él una serie de valores religiosos, culturales, sociales, históricos y ecológicos que expresan simbólicamente la vivencia de un pueblo.

Empezamos el recorrido en la Plaça de l’Abat Oliba.

A la derecha, podemos ver un fragmento de la antigua muralla y, en medio, el portal de entrada con un escudo de Montserrat del año 1565. Accediendo por este portal gótico caminamos por la Pujada de Nostra Senyora, decorada con una hilera de magnolias, cuyos colores son los que vemos a nuestro alrededor. A media ascensión, en un nicho en el muro de la izquierda, hay una escultura de san Jorge (1986), obra de Josep M. Subirachs. Si muchos visitantes se detienen ante ella es por su mirada, que parece seguirte a cualquier lugar desde el que la observes, y porque se parece a alguna de las esculturas existentes en la fachada de la Pasión del templo de la Sagrada Familia de Barcelona, obra del mismo escultor.

A medida que vamos subiendo nos aparece la gran explanada, ganada a la montaña, que configura la Plaça de Santa Maria (720 m), formada por tres plazas escalonadas (1929), obra del arquitecto Josep Puig i Cadafalch (1867-1956). Al llegar a la de mayor tamaño, podremos apreciar mejor el conjunto arquitectónico de Montserrat: detrás, y a nuestra izquierda, hemos dejado más alojamientos y servicios para los peregrinos y visitantes. Pero justo a nuestro lado, en medio de un lugar ajardinado, contemplamos una bella cruz gótica (s. XV). Delante podemos apreciar la nueva fachada del monasterio y el cierre de la plaza (1942-1968), obra del arquitecto Francesc Folguera (1891-1960). El principal material con que está construida la fachada es piedra pulida de la montaña; si nos acercamos, podremos apreciar el conglomerado que describíamos al hablar de la formación de la montaña.

En la parte alta de la fachada puede leerse esta frase en latín: Urbs Jerusalem Beata Dicta Pacis Visio, que significa: Feliz ciudad de Jerusalén, denominada visión de paz. Significado que encontramos en la Biblia bastantes veces y que indica la Jerusalén celestial, punto de referencia de todo santuario cristiano. Las tres grandes arcadas superiores de la fachada que enmarcan el espacioso balcón están decoradas con relieves del escultor Joan Rebull (1899-1981); el de la izquierda evoca la figura de san Benito, padre de monjes y patrón de Europa; el de centro representa la proclamación del dogma de la Asunción de María por parte del papa Pío XII; el relieve de la derecha muestra a san Jorge, patrón de Cataluña, con una representación de los monjes que murieron trágicamente durante la guerra civil (1936-1939). En esta plaza muchos domingos y días festivos podemos disfrutar de los actos folclóricos ¿sardanas, castellers, gigantes y otras danzas¿ que muchos peregrinos realizan tras haber asistido a los actos religiosos celebrados en el interior de la basílica.

Adosado a la fachada, al lado izquierdo, podemos visitar los restos del antiguo claustro gótico (1476) construido por el abad comendatario Giuliano della Rovere, que más tarde se convirtió en papa, con el nombre de Julio II. Únicamente quedan dos alas, con capiteles esculpidos con temas profanos y con los escudos de Montserrat y del abad que sufragaba la obra. En la planta baja del edificio adjunto al claustro gótico está el despacho del santuario, en el que podemos consultar cualquier información o solicitar algún servicio o ayuda espiritual.

La serie de figuras escultóricas que cierra la plaza por su lado derecho está dedicada a los santos fundadores de varios institutos religiosos que a lo largo de la historia se han relacionado con Montserrat. Este conjunto arquitectónico de arcos, hornacinas con sus correspondientes esculturas ¿obras de los artistas Claudi Rius (1892- ?), Francesc Juventeny (1906-1990), Enric Monjo (1896-1976), Joaquim Ros i Bofarull (1906-1991), y ofrendadas entre los años 1949 y 1953¿ es un excelente balcón desde el que se divisa en días claros la llanura del río Llobregat, que desemboca al mar Mediterráneo tras serpentear por las numerosas e industriales ciudades cercanas a Barcelona. Al fondo, vemos asimismo la sierra litoral con el Tibidabo, como montaña más conocida, y la torre de telecomunicaciones del arquitecto Norman Foster, que nos recuerda los Juegos Olímpicos celebrados en 1992.

El atrio de la basílica

Cruzando una de las cinco arcadas que conducen al atrio del templo, podemos ver a la izquierda una escultura que representa a san Benito (1962), obra de hierro forjado de Domènec Fita (1927). Esta escultura nos indica la puerta de acceso al monasterio, donde viven los monjes, enmarcada por un friso de piedra (1960) con alusiones a la fundación del monasterio, en 1025, por el abad Oliba, y a la leyenda que sitúa el hallazgo de la imagen de la Virgen en el año 880. Es obra del escultor Enric Monjo. Por evidentes razones de discreción y de respeto por la vida de los monjes, no es posible realizar visitas turísticas al monasterio. Sin embargo, hay que decir que en su interior existe una valiosa biblioteca, abierta sólo a los estudiosos, que contiene unos trescientos mil volúmenes.

En este mismo vestíbulo podemos admirar un portal gótico (s. XV) y dos sepulcros (s. XVI) que, junto con la portalada románica de la antigua iglesia ¿en el pasillo de más a la derecha que accede al atrio¿, y el claustro gótico antes citado, nos recuerda el Montserrat medieval y renacentista destruido por las tropas napoleónicas (1811-1812). En los laterales de los pasillos extremos que acceden al atrio vemos representadas las visitas a Montserrat de los Reyes Católicos y de Juan de Austria. Estas pinturas murales (1957), de un cierto estilo naïf, son obra del pintor y escultor Francesc Fornells-Pla (1921). Si avanzamos por el paso central, veremos, una a cada lado, dos esculturas (1952), san José y san Juan Bautista, obra de Josep Clarà (1878-1958).

El atrio de la basílica, llamado del abad Argerich (s. XVIII), fue bellamente decorado con esgrafiados durante los años 1952-1956 según los diseños de Josep Obiols (1894-1967) y del P. Benet Martínez (1918-1988). Puesto que Montserrat es un santuario y su iglesia tiene el título de basílica menor, otorgado por el papa León XIII en 1881, los esgrafiados de la derecha evocan las basílicas y los santuarios más importantes del mundo cristiano; los de la izquierda nos ofrecen un breve resumen de la historia de Montserrat. Visitando el conjunto del atrio, también de derecha a izquierda, veremos, en primer lugar, el baptisterio ¿realizado conforme al proyecto de la Junta del Fomento de las Artes Decorativas e inaugurado en 1958¿ con una bella portalada del escultor Carles Collet (1902-1983). La parte superior representa el misterio de la Iglesia que da los sacramentos (a la derecha) que santifican la actividad y la vida humanas (a la izquierda). El interior está decorado con mosaicos de Santiago Padrós (1918-1971) y lo preside un dibujo de Josep Vila-Arrufat (1894-1989) que representa el bautismo de Jesús.

Hay que señalar, asimismo, la belleza del pavimento de mármol blanco y negro de este atrio (1952). Se inspira en el del Capitolio romano diseñado por Miguel Ángel. En el punto central hay unas alegorías y una inscripción latina que hacen referencia al bautismo. Desde ahí nos aparece, majestuosa, la basílica. Fue el abad Bartomeu Garriga, en 1560, quien colocó su primera piedra, pero hasta el año 1592 no pudo consagrarse, y todavía con las cubiertas y el cimborio por terminar. Con motivo de la celebración del IV centenario de aquella consagración (1992), se inició su restauración exterior e interior (1991-1995), bajo la dirección del arquitecto Arcadi Pla i Masmiquel (1945). Anteriormente ya se habían realizado otras restauraciones; en 1900-1901, por ejemplo, la antigua fachada barroca fue sustituida por la actual, obra de Francesc de Paula del Villar i Carmona, y esculpida por los hermanos Venanci (1828-1919) y Agapit Vallmitjana (1830-1905).

Llegados a este punto tenemos dos posibilidades: visitar la basílica o ir directamente a venerar la imagen de santa María entrando por la puerta lateral de la derecha, bajo las arcadas. Recomendamos visitar, en primer lugar, la basílica; de este modo tendremos una mejor visión de todo el conjunto. Después podemos ir a venerar la imagen de santa María. Es conveniente que en el interior de la basílica guardemos el máximo silencio posible y que no circulemos por ella durante las celebraciones litúrgicas.

La basílica

La iglesia de Montserrat se inscribe arquitectónicamente entre la tradición gótica y la asimilación de las nuevas formas renacentistas que por aquel entonces (s. XVI) la arquitectura catalana empezaba a aplicar. Al entrar, nuestra vista se dirige hacia la cabecera de la nave, en la que se encuentran el coro de los monjes y el altar mayor; en el centro de su parte superior aparece una hornacina-templete, dorada, proyectada por Francesc de Paula del Villar, en que ya puede verse, de lejos, el trono de plata con la imagen de santa María que preside toda la nave. A diferencia de otras iglesias, ésta tiene una nave única con capillas comunicadas entre los contrafuertes y, en la parte superior, tribunas laterales; en este punto, la bóveda arranca con arcos y nervios moldurados en cuyo final se forman unas lunetas con ojos de buey laterales; donde correspondería el crucero vemos el gran cimborio octogonal.

Debido a la Guerra de la Independencia (1808-1814), la basílica quedó medio destruida; tuvo que ser reconstruida posteriormente, a finales del siglo XIX. Respecto a la decoración ¿romanicobizantinizante¿ de la nave, su calidad puede ser discutida; sin embargo, los arquitectos, pintores y escultores que intervinieron en ella, en el presbiterio y en las capillas laterales, son considerados maestros del modernismo y del simbolismo de la época.

A medida que nos adentramos nos percatamos de que no se trata de una iglesia de gran tamaño; sí que lo es, no obstante, si pensamos en la época en que fue construida, en el lugar elegido y en los medios con que contaban por aquel entonces. La nave central mide 58 metros de largo, 15 de ancho y 23 de altura de bóveda. Hoy en día, y gracias a la restauración citada (1991-1996), este templo es luminoso por la entrada de la luz natural, pero no ha perdido aquel ambiente que invitaba a la intimidad.

Alrededor de toda la nave central y en el interior de las capillas laterales, hay numerosas lámparas votivas, algunas de ellas de gran valor artístico y muy representativas de la orfebrería catalana que se inició en el periodo de la posguerra (1940). Estas lámparas, en recuerdo de las que había habido antes de la destrucción de Montserrat (1811-1812), han sido ofrendadas por comarcas, pueblos, agrupaciones y entidades varias de Cataluña, así como por asociaciones de catalanes existentes en algunos países del mundo. Así pues, el conjunto simboliza una ofrenda y una presencia continua del pueblo catalán a los pies de santa María de Montserrat, su patrona.

En las pilastras centrales de la nave están las esculturas de los profetas Ezequiel, Jeremías, Isaías y Daniel, que nos recuerdan las profecías referentes a la Virgen María. Fueron talladas en madera por Josep Llimona (1864-1934) y colocadas en este lugar en 1896. Puesto que nos hallamos en el centro de la nave, podemos visitar las capillas que hay a nuestra izquierda.

El presbiterio y el coro de los monjes

Ahora avanzamos hasta el presbiterio. Las pinturas modernistas que decoran los lienzos de pared entre las pilastras reclaman nuestra atención. Las de arriba, de gran tamaño, son obra de Alexandre de Riquer (1856-1920), Joaquim Vancells (1856-1942) y Joan Llimona (1860-1926). Las dos más próximas a la hornacina-templete representan unos grupos de ángeles; en las del centro hay unas alegorías acerca de Montserrat y Cataluña (derecha) y la Iglesia (izquierda); las dos de los extremos representan escenas de la leyenda del hallazgo de la imagen de santa María en la Santa Cueva. Las cuatro pinturas situadas en la parte inferior son escenas relacionadas con la vida de la Virgen, obra de Joan Llimona, Dionís Baixeras (1862-1943) y Lluís Graner (1836-1929).
El presbiterio y el coro de los monjes fueron remodelados en los años 1957-1958 según el proyecto inicial del arquitecto Francesc Folguera con la colaboración de los monjes P. Pere Busquets (1925) y P. Crisòleg Picas (1922). El altar mayor está realizado a partir de un solo bloque de piedra de ocho toneladas extraído de la montaña. Reposa encima del basamento de una losa procedente del antiguo altar de la basílica, del que también se extrajo la piedra para hacer la lápida ¿con el símbolo eucarístico del pelícano esculpido por Joan Rebull¿ detrás de la que están las reliquias de varios santos. Su bello frontal esmaltado (1959), obra de Montserrat Mainar (1928), está montado en un marco con esculturas de plata del orfebre Manuel Capdevila. Preside el altar una cruz de oro repujada con un crucifijo de marfil, atribuido a Ghiberti (s. XVI), ofrendada en 1960 por el Colegio de Médicos de Cataluña y Baleares. Esta cruz cuelga de la corona-baldaquín realizada también por Manuel Capdevila y adornada con un dosel dibujado (1960) por Joaquim (Ferran) González Cañete (1932-1995), discípulo de Josep Grau i Garriga (1929).

El acceso al camarín de la Virgen

Para ir a venerar la imagen de santa María, que vemos en medio de la tribuna central, hay que salir de la basílica y entrar de nuevo por la puerta lateral de la derecha, convenientemente señalizada.

El tímpano existente justo encima de esta puerta corresponde a la antigua portalada barroca del templo. Debajo hay una inscripción que nos recuerda las fiestas del centenario de la coronación de la imagen de la Virgen y de su proclamación como patrona de Cataluña (1980-1981). Mientras avanzamos podemos ir viendo de cerca las capillas laterales del lado derecho de la basílica, que, aparte de estar embellecidas con notables esculturas y vitrales con alusiones a la vida de María, contienen las sepulturas de las familias que hicieron posible su ornamentación a finales del siglo XIX.

La primera está dedicada a san Pedro, con una escultura de bronce (1945) de Josep Viladomat (1899-1989); delante hay una lápida que conmemora el peregrinaje del papa Juan Pablo II, el sucesor de Pedro, a Montserrat (1982).

La segunda nos evoca a san Ignacio de Loyola, el peregrino de Montserrat por antonomasia, representado en la pintura central (1893), que es de Ramir Lorenzale i Rogent (1859-1917); a nuestra derecha, hay una reproducción facsímil de la espada que Ignacio dejó en Montserrat durante la vigilia del 25 de marzo de 1522.

La tercera es la capilla de san Martín (1898), esculpido en el decisivo momento de su vida en que con la espada partió su capa y entregó una parte a un pobre; la cara del pobre es un autorretrato del propio escultor, Josep Llimona.

La cuarta contiene un bello retablo de estilo modernista (1891), obra de Francesc Berenguer Mestre (1866-1914), dedicado a san José de Calasanz, que en 1585 también visitó Montserrat. Fue ofrendado por la Escuela Pía en 1891.

La última capilla nos sorprende con una pintura al óleo sobre tabla (1980) de Montserrat Gudiol (1933), que evoca la figura de san Benito, padre de monjes, en su juventud; con las manos sostiene la Regla que escribió para ordenar la vida monástica, tratado que tanta influencia ha tenido a lo largo de los siglos en el mundo cristiano.

La estancia del trono de la Virgen

La idea de reformar la estancia del trono de la Virgen, con las correspondientes antecámaras, y de construir una nueva escalera de acceso al camarín, nació en 1944 teniendo como objetivo las fiestas de la Entronización del 27 de abril de 1947. El conjunto no quedó terminado hasta 1954, en que se celebró el año mariano. En la ejecución del proyecto, diseñado y dirigido por el arquitecto Francesc Folguera y el pintor Josep Obiols, se hizo intervenir a arquitectos, dibujantes, escultores y orfebres, con el fin de lograr una colaboración de los artistas catalanes y una síntesis de las artes plásticas catalanas de mediados del siglo XX.

Accedemos a esta estancia por una gran portalada de alabastro en que hay representadas referencias bíblicas que la tradición cristiana ha relacionado con María, la Virgen. Fue inaugurada en 1954. Había sido esculpida por Enric Monjo; los dos candelabros que la flanquean, también de alabastro, fueron labrados por Rafel Solanic. El interior de la escalinata está decorado con bellos mosaicos, obra de Santiago Padrós, según el diseño del P. Benet Martínez.

Los de la derecha representan a santas vírgenes; los de la izquierda, a santas madres.

Nos encontramos en la sala en que hace años se exponían los ex-votos y las ofrendas que los peregrinos realizaban a la Virgen por las gracias que habían recibido de ella. Hoy sólo hay tres ofrendas como símbolo de todas las demás: nos referimos a las tres banderas que están expuestas en el interior de un majestuoso armario modernista de ébano y marfil proyectado y realizado (1928) por Eusebi Busquets (1875-1962).

La presencia de estas ofrendas cerca de santa María puede ayudar al pueblo catalán a vivir reconciliado y con fraternidad con todos los hombres y las mujeres que lo forman, y con solidaridad con todos los demás países y culturas, manteniendo siempre la propia identidad. Al otro lado de la sala esta la Fuente de la Virgen, cuyos relieves son obra de Carles Collet, así como los capiteles que adornan sus arcos.

Los relieves de la base de la fuente representan los milagros de Jesús relacionados con el agua: la tormenta apaciguada, la pesca milagrosa y la piscina probática. El agua siempre ha sido uno de los símbolos de la vida. Los grupos escultóricos de los capiteles nos recuerdan los milagros medievales atribuidos a santa María de Montserrat.

Al fondo de la sala, una pintura de Carlo Maratta (1625-1713) representa el nacimiento de Jesús, que está en brazos de María, su madre. Las pinturas murales existentes en la salita de acceso al trono de la Virgen, espacio que se repite al otro lado y que veremos al bajar de venerar a la santa imagen, son de Josep Obiols, y presentan a las mujeres virtuosas y valientes que cita la Biblia.

Unas puertas de plata repujada dan acceso a las escaleras que conducen a la cámara del trono de la Virgen, y son obra de los artistas Josep Obiols, Rafel Solanic y Manuel Capdevila. La citada estancia, visible desde la nave central, está totalmente cubierta de mosaicos venecianos diseñados por Josep Obiols y realizados por Santiago Padrós. Encontramos a María simbolizada como Madre de la humanidad, de los apóstoles, de la Iglesia, de Cataluña, de los monjes y de los peregrinos. Las nueve lámparas de plata, labradas por Xavier Corberó (1901-1981), que rodean la estancia, representan a las ocho diócesis de Cataluña y Montserrat. Los dos candelabros de alabastro situados a los lados del trono, obra de Pere Jou (1891-1964), presentan esculturas que evocan las procesiones de peregrinos que han venerado esa santa imagen.

El trono de la Virgen, concebido a modo de retablo de plata repujada, fue una ofrenda de los catalanes en 1947. Consiste en dos relieves de plata, labrados por el orfebre Ramon Sunyer (1889-1963), y unas molduras que los unen, realizadas por el también orfebre Alfons Serrahima (1906-1988) según el proyecto de Joaquim Ros i Bofarull, que representa la Natividad y la Visitación de María. Encima de la santa imagen, unos ángeles, del escultor Martí Llauradó (1903-1957), sostienen la reproducción de la corona, del cetro y del lirio que por suscripción popular el pueblo catalán ofreció a la Virgen en 1881 (las piezas originales, en las que intervinieron Francesc de Paula del Villar i Lozano, Joan Suñol y Joaquim Cabot, se exponen en el Museo). La santa imagen, bella talla de madera policromada de los siglos XII-XIII, reposa sobre un bloque de piedra pulida de la montaña de Montserrat en cuya base puede verse un san Miguel obra de Josep Granyer (1899-1983). La imagen está protegida por un baldaquín y un cristal oval. El color oscuro de la cara y de las manos, debido a lo que se la considera entre las Vírgenes negras, ha hecho que sus devotos catalanes la llamen familiarmente Moreneta. Su color no se debe a la madera, que no es negra, ni a la pintura primitiva; testimonios históricos nos indican que se fue oscureciendo lentamente. El gesto ritual que usamos para venerar esta santa imagen es el de besar o tocar su mano derecha, que sostiene una bola, símbolo del universo; con la otra realiza el gesto de ofrecernos a Jesús, su Hijo.

El camarín o capilla de la Virgen

Bajamos de la cámara del trono de la Virgen; a mano derecha está el camarín, espacio situado en el centro de los tres grandes ábsides neorrománicos adosados a la fachada oriental del templo que estamos visitando. Esta obra arquitectónica se inició en 1876 y no estuvo terminada hasta 1885; llevó la dirección de las obras el arquitecto Francesc de Paula del Villar i Lozano (1828-1901), ayudado por el joven arquitecto Antoni Gaudí (1852-1926) y, más tarde, por su hijo Francesc de Paula del Villar i Carmona, que prosiguió la obra de restauración de la iglesia.

Sin embargo, la decoración interior de lo que es más propiamente el camarín o capilla de la Virgen no estuvo terminada hasta el año 1887. Podemos observar que se llega a una difícil, pero no menos bella, armonía con diferentes elementos neorrománicos, neogóticos y renacentistas que lo sitúan en el premodernismo catalán. A contraluz del vitral central, justo delante de la imagen de la Virgen, hay una escultura de san Jorge, patrón de Cataluña, esculpida en madera y policromada por Agapit Vallmitjana. Sus rasgos faciales hacen pensar que puede tratarse de un retrato de Venanci Vallmitjana, hermano del autor.

Es de gran interés artístico la pintura de la cúpula (1896-1898), de Joan Llimona, de difícil ejecución por problemas de perspectiva; destaquemos sus puntos más importantes. El conjunto es de un colorido de tonalidades claras y luminosas que dan énfasis al apoteosis en el infinito del firmamento, en que aparece la Virgen con Jesús en brazos, rodeados por ángeles y arcángeles; a continuación, una panorámica de la montaña de Montserrat vista con gran angular marca la intersección del espacio celestial con el terrenal; en la parte inferior de la cúpula, a ambos lados, se ve la fila de peregrinos: por la derecha, avanzan los del estamento eclesiástico y por la izquierda, los del civil; los personajes aquí representados están relacionados con la simbología y la historia de Cataluña. Esta cúpula es una auténtica joya artística de Montserrat y de la pintura catalana moderna.

Publicado en: http://www10.gencat.net/probert/







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