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Himmler en Montserrat

16/01/2006En La Orden Negra, José Calvo Poyato novela esta fascinación de la intelectualidad nazi por los mitos y ritos de la vieja Europa, fascinación que va desde los cultos pánicos del norte hiperbóreo, al mito del Holandés Errante que actualizó Wagner, y también, cómo no, a la herejía albigense (los cátaros tan a la moda), que descendían directamente de Jesús y custodiaban el Grial paleocristiano.
Qué cosa sea el Grial es algo sobre lo que nadie se pone de acuerdo. Según Calvo Poyato, Himmler se vino a Monserrat, a su vieja abadía románica, para buscar esa reliquia misteriosa donde se concentran fuerzas ultraterrenas. Otros dicen que el Grial es la copa de la última cena, y hay quien afirma, mucho más sutil, que el Santo Grial es sólo la búsqueda del Grial, el camino de purificación que conduce a los dioses. Sea como fuere, en Los mitos hebreos de Graves y Patai se nos informa de que Dios, el Dios expeditivo y colérico del Sinaí, pactó dos veces con su pueblo: una primera mediante el Arca de la Alianza, donde se encerraron las fuerzas desatadas del Universo, y una segunda ocasión, cuando a través del Santo Grial el hombre pudo comunicarse con lo inefable. Para Spilberg, los nazis buscaban el Arca, pues ahí se encierra la cólera inmortal de Yavhé. Pero lo que parece indudable es que Himmler, y con Himmler muchos otros jerarcas del Partido, habían rastreado el Grial, como un modo urgente de contactar con las "Inteligencias Desconocidas" que andaban por ensayos y libros eruditos de la época (véase Borges, y antes Leo Perutz o Gustav Meyrink y su Golem).

No hace muchas semanas, dabamos cuenta aquí de un libro que sirvió de inspiración al inevitable señor Brown de El Código Da Vinci. Me refiero a El misterio del Priorato de Sión, donde se especula con el enterramiento del tesoro cátaro en el subsuelo de Rennes-le-Chàteau, y su influencia en el simbolismo francés o en la querencia mitológica de la casa Habsburgo. Naturalmente, La Orden Negra de Calvo Poyato no es otra que las SS, cuya simbología son dos runas célticas que la emparentan ya con los druidas, Merlín y el sueño de la Ultima Thule (Islandia). En definitiva, que el régimen nazi, urgido por el idealismo y el ansia de trascendencia, se apropió de la mitología druídica, de los dioses hiperbóreos y del caudal judeo-cristiano, por ver si así culminaban esa raza de seres superiores que sucumbió en Berlín y Stalingrado. Y Calvo Poyato, cuyos saberes suelen rondar el XVIII europeo y el último de los Austrias, no hace aquí sino novelar un hecho cierto y, quizá, misterioso: el robo de la cartera de Himmler, cuando anduvo de visita en Barcelona. ¿A qué vino Himmler realmente, mientras Franco negociaba en Hendaya? He aquí el fértil terreno de la especulación.

En cuanto a La Orden Negra, le ocurre lo que a todas las novelas de este género: empiezan bien y acaban como pueden. Pero es que el misterio, en cuanto deja de serlo, da paso a las urgencias de lo cotidiano, a la tediosa palpitación del mundo de los vivos.

Publicado en: Diario de Sevilla Edició Digital (16/01/2006)

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